Gotas de lluvia de Santiago
Empecé el camino solo, un día de
sol resplandeciente, de temperatura idónea para un peregrino, ni frío ni calor.
A medida que pasaban los días
y las etapas, veía como el cielo empezaba a cubrirse. No era el tiempo que
había estado planeando para mi viaje, pero… ¿qué le iba a hacer?
Cierto es que empecé el camino
solo, pero ya lo no estaba, distintos acompañantes me seguían. Al principio,
incómodos y molestos pero al acostumbrarme incluso podía diferenciarlos y hasta
los echaba de menos cuando no estaban.
¿Qué eran? :- os preguntaréis.
Esos acompañantes eran gotas de agua, gotas de lluvia.
Es curioso, yo planeando hacer el
camino en la época exacta para poder evitarlas y ellas persiguiéndome.
Hoy he llegado a Santiago de Compostela,
de nuevo un día maravilloso, soleado, pero, tan pronto como dejo mi mochila en la consigna de peregrinos, me han venido a recibir, a dar
la bienvenida a Santiago de Compostela. ¿Quién?
Las gotas de lluvia de Santiago
A veces nos cuesta comprender y
mirar las cosas con los ojos adecuados, pero tras finalizar el camino solo
puedo decir: muchas gracias a la lluvia que me acompañó durante mi viaje por Galicia,
gracias a ella he podido ver mil y un colores distintos en un mismo paisaje, he
podido experimentar la sensación de las gotas de lluvia recorriendo mi cara, he
podido ver se convertían en nieve y
disfrutar de algo realmente único.
Gracias, de corazón. Aunque no os
esperaba en mi camino, siento que sin vosotras el camino de Santiago hubiera
sido diferente, no habría visto ni sentido todo con la misma intensidad. A
veces necesitamos mojarnos, para que la vida nos cale hondo y nos marque el alma.
Dicen que sin caminante no hay camino, pero olvidan mencionar que si un peregrino no siente la compañía de la lluvia no podrá sentir que llega a Santiago.